jueves, 3 de noviembre de 2011

ALAS PARA UN SUEÑO

Hola Malvi, supongo que algún día nos conoceremos y compartiremos y mezclaremos pompas y alas, el texto y las fotos son para ti, y si te sirven para tu blog.


Recibí tu llamada, Malvi, para decirme que mis alas estaban terminadas mientras me dirigía al aeropuerto de Kathmandú de regreso a España y les comentaba a mis amigos nepalíes que todos los detalles del sueño que me habían llevado a hacer pompas gigantes a Nepal se habían ido cumpliendo, todos, excepto uno, la chica.
No pude menos que pensar si no serías tú la chica de mi sueño, pero era solo un pensamiento, no era una emoción como las que había sentido al encontrar en mi viaje lo que había soñado, ya fuese en casa de Bibhusan o en las calles de Bakthapur, era solo pensamiento y mi sueño no estaba hecho de pensamientos, todo eran emociones, tan buenas que había ido a Nepal a buscarlas, de allí regresé subido a una nube.
Bajar de esta nube no resultó nada divertido, me sentí como un niño que de repente se da cuenta que el caramelo que tan gustosamente saboreaba ha desaparecido.
Mientras tanto las alas decoraban mi habitación sin que yo supiese realmente qué hacer con ellas, habían sido un regalo de mi amigo Manuel Ferrero y empezaba a lamentar que sus esfuerzos e ilusiones hacia mí hubiesen sido en vano. 
Hacía 2 años aproximadamente desde mi desorbitamiento emocional y más de 9 meses desde mi regreso de Nepal. 
No me sentía desesperado, pero no encontraba el camino hacia la inocencia perdida, algo para mí fundamental pues mi personaje ante los niños es Palomino, un ser inocente (aunque para nada estúpido).
Y de repente, sí, como en las novelas y en las películas, de repente todo cambió. Esa tarde Manuel Ferrero y yo habíamos hecho nuestro debut como pareja payasística, con tartazos incluidos [se aconseja experimentar esta sensación tan dulce] y al terminar nos fuimos, sin vestirnos de normal, con su amiga Áurea al Bierzo al encuentro de amigos comunes que ellos tenían y yo no conocía.
Durante la cena, o en la sobremesa, empezaron a hablar de las alas que hacías, las alas de Malvi (la hacedora de alas), y de repente conecté, sentí la emoción. Allí estaba la chica de mi sueño, otro ser alado. No era que yo lo pensase, si lo hubiese pensado tal vez me hubiese asustado, era un sentimiento, una emoción. Como tú bien sabes, esta chica es Áurea, la muchacha que danza alrededor de mi corazón.
 
La noche nos separó, pero yo era plenamente consciente de que mi viaje a Nepal iba llegando a su fin, el único detalle del sueño que faltaba ya había aparecido. 
No me importaba si yo era su chico o no, ella era mi chica y eso nada lo podría cambiar.
A la mañana siguiente, la música de José Ángel obraron en mí un efecto sanador, tumbado a merced de sus vibraciones puede sentir la limpieza con la que mi herida emocional se cerraba, sin dolor, sin angustia.
Solo sentía agradecimiento y un conocimiento de mi mismo que me era esencial, Soy fuente de Amor y no lo debo evitar.
Nunca tuve ninguna duda de que Áurea es la chica de mi sueño, pero ahora ya es una realidad, creo que la vida me ha preparado como un regalo (sin envolver) para ella, y como ya le he dicho a ella si fui a Nepal en busca del principicio de un hermoso sueño, iría a cualquier lugar por ese final, llamemos a ese hermoso final Áurea.
Y gracias a ella estoy aprendiendo a usar mis alas, y cambiar la posición de mis brazos para que no estén crucificados sino alados.
Gracias Malvi por aparecer en mi vida y florecerla de alas.

Fernando Hojaderoble
31 octubre de 2011