lunes, 21 de febrero de 2011

METAMORFOSIS SIN LIMITES




Querida Carmen Malvi:
Como bien sabes me entregaste mis alas hace más de seis meses, desde entonces las tengo desplegadas sobre el cabecero de mi cama. Al poco me di cuenta de que no me las había puesto aún, así que, aprovechando un evento las lleve como chal y en cuanto volví a casa las colgué de nuevo. Pasaron las semanas y las alas seguían colgadas. Pensaba: ¡están tan altas!, tengo que idear un sistema para bajarlas sin tener que coger la escalera. Las semanas pasaron y las alas seguían colgadas, hermosas, majestuosas, inalcanzables. Preguntándome el porqué llegué  a pensar que quizás no me las merecía. Pasaron los meses, dejé de buscar explicaciones y simplemente, esperé.
 Aún me sigo maravillando y sorprendiendo de cómo todo encaja, de cómo todo llega, de cómo todo en el Universo está sincronizado. Recordé que cuando era niña me encontré una crisálida. La vigilaba a menudo porque deseaba ver como emergía la mariposa. La “causalidad” quiso que  estuviera presente cuando la envoltura empezó a abrirse, me pareció que tenía dificultades para salir, así que abrí la crisálida con mis dedos para ayudarla. Recuerdo mi perplejidad cuando las alas, de repente, empezaron a arrugarse y encogerse  y a los pocos minutos la mariposa murió. Entonces no comprendí, solo sentí pena por aquella pobre mariposa que había muerto sin desplegar sus alas.
A veces olvido lo importante y necesario de los procesos.  Durante la transformación de la oruga solo se ve la capa que la mantiene aislada, protegida y aparentemente sin vida. Sin embargo dentro está sucediendo un verdadero milagro. El cuerpo  de la oruga se deshace por completo, deja de ser lo que hasta ese momento era, todos sus tejidos se convierten en una sopa proteínica de la que se ha borrado la información de “ser oruga” y que pasa a ser el potencial creador donde está grabado la mariposa que va a ser. Este proceso es un auténtico milagro, es mágico, es sublime. La mariposa necesita de este proceso para llegar a ser lo que es.
En el Universo, Dios/Diosa todo lo sincroniza a la perfección. Como me resistía a aislarme, me aisló (creó un espacio/capa de crisálida) para mí. Sincronizó para que en mi camino aparezcan las ayudas necesarias, los estímulos, las herramientas, la comprensión y el valor  para desprenderme de aquello que aún se resistía a abandonarme y de aquello que yo me resistía a abandonar.
Sumergida en la dulce oscuridad de mi crisálida muere aquella que creo que soy. Me desprendo de las vestiduras hechas de miedos y creencias, de las limitaciones y el dolor aprendido, de la rabia y el llanto contenidos, de la tristeza y la desesperación grabadas en mi carne. La sombra que me acompañó siempre se va diluyendo, desprendiendo y pasa a ser el estiércol que abona la nueva semilla de Luz que pugna por crecer con fuerza y determinación, es la sopa proteínica de la cual surgirá el ser alado que siempre fui en potencia, el ser alado que soy.
Dentro del caos que implica esta muerte simbólica hago el tránsito agarrándome al manillar de la montaña rusa de mis emociones. Tan pronto oruga, tan pronto mariposa, a ratos me arrastro intentando sentir la seguridad del suelo que conozco, a ratos me elevo desplegando y entrenando mis alas en el espacio que mi corazón alado tanto anhela. Toda transformación conlleva este proceso de adaptación que asumo con infinita paciencia. Me preparo para volar. Me reinvento, me  permito imaginar las posibilidades de mi nueva forma, la ligereza, la danza por el aire, el nuevo alimento, las nuevas perspectivas…, sin límites, límites que tú, querida CarmenMalvi, tan sabiamente omitiste en mis alas.
Reconozco que a veces tengo miedo, que me siento desnuda, desprotegida, a merced de las circunstancias que no puedo, ni debo controlar, pero el ser alado que SOY, sabe que tras el cambio mi percepción será otra y que entonces el miedo desaparecerá.
Ya no miro mis alas con la preocupación de porque no me las pongo. Ahora las contemplo y veo a través de ellas la belleza del Amor, de la Luz,  que se quieren manifestar. Comienzo a ver  a través de los colores y las formas que tan inspirada y sabiamente les diste, lo que Dios/Diosa desea manifestar  en mí  y a través de mí.
El proceso me resulta lento (aún quedan en mi residuos de impaciencia) pero es necesario respetarlo para que, al final, las alas puedan desplegarse, y la mariposa pueda disfrutar de la libertad de volar.
GRACIAS

2 comentarios:

  1. Gracias por este precioso texto, en el que también yo me siento reflejada. La impaciencia es una lección difícil cuando el deseo de saber empuja muy fuerte y no reconocemos el tiempo que necesita cada cosa. La vida lo enseña, así pues...a volar¡¡ sabiendo siempre posar nuestras raices en la tierra.

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  2. Gracias. Es hermoso lo que escribes. Yo también me siento muy reflejada.

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