martes, 11 de enero de 2011

LA NUEVA ESPAÑA - DIARIO DE ASTURIAS

Este articulo fué publicado en el diario LA NUEVA ESPAÑA el 31 octubre del 2010 en Gijón y el 1 de noviembre para toda Asturias, en el enlace que os dejo a continuación podéis verlo con más fotografías.
http://www.lne.es/gijon/2010/10/31/hacedora-alas-vuela-lejos/987879.html

La «hacedora de alas» 

vuela lejos

Carmen Malvi, que diseña y comercializa en toda España originales prendas que «liberan sentimientos», cierra su taller de Pumarín y se muda a Madrid con el respaldo de su exitoso negocio

 04:03   La «hacedora de alas» vuela lejos 




 MULTIMEDIA
Eloy MÉNDEZ

Carmen Malvi echó a volar por sí sola hace cinco años y por casualidad. Una profesora de biodanza se enteró de que confeccionaba vestuarios para representaciones teatrales y le encargó tres pares de alas para sus clases. Desde entonces, y gracias al boca a boca y a su página web, no ha parado de diseñar esta original prenda para decenas de clientes, que abonan un precio voluntario a cambio de «abrirse de par en par a sí mismos». Pocas veces pagan menos de 300 euros y casi nunca se sienten decepcionados.

Durante un lustro, Malvi ha vivido única y exclusivamente de esta dedicación que «me ha permitido cambiar la vida de mucha gente» a través de una experiencia «mágica» que, según dice, tiene mucho que ver con el subconsciente. Hasta ahora, lo había hecho en su taller de Pumarín, pero su inminente mudanza a Madrid ha obligado a la «hacedora de alas» a trasladar su nido a otra parte.

«La idea me eligió», asegura Malvi. Convencida de que «todos los acontecimientos de la vida esconden un porqué», empezó a fabricar alas en serie después de recibir correos electrónicos de muchos de los compradores. «Yo no me lo creía, pero casi todos me decían que les habían cambiado su forma de afrontar el día a día, que les ponían en contacto con su lado espiritual», asegura. Una especie de subidón de autoestima producido por el simple hecho de colgarse al cuello el trozo de tela. «En un principio me costaba entender todo aquello y, si soy sincera, tampoco hoy sé muy bien qué es lo que sucede. Pero es cierto que muchas personas se sienten mejor cuando se las ponen, liberan sus sentimientos», apunta, tras explicar que «tanto en la mitología como en la religión o el arte, los seres alados siempre han simbolizado el poder y la fortaleza».

Malvi diseña un par de alas distinto para cada petición. «No hay dos iguales», explica. Cuando el interesado se pone en contacto con ella, elabora una ficha personal con su nombre, sexo, estatura y gustos cromáticos. El resto corre de su cuenta.

Ha recibido encargos desde las cuatro esquinas del país y, que ella sepa, no tiene competencia. Cada pedido le lleva una semana de trabajo, que consiste en cortar la organza de cristal y la gasa que emplea para cada par de alas, realizar a mano los dibujos, que tardan en secar dos días, y rematar los bordes. «Últimamente he acumulado tanto trabajo, que mucha gente tiene que esperar varios meses para ver cumplido su deseo» de tener unas alas, asegura.

No hay más que echar un vistazo a su cuaderno de tareas para darse cuenta de que su labor la desborda. «Al principio sólo me las pedían mujeres, pero ahora no paro de confeccionarlas para hombres y para niños. Es una auténtica locura», dice Malvi, sorprendida por el auge de esta moda.

«Es un fenómeno digno de estudio, creo que muy vinculado a la necesidad que todos tenemos de sentirnos mejor con nosotros mismos», señala, tras echar un vistazo a su correo electrónico, donde todos los días recibe historias realmente singulares. «Hace poco me escribió un chico de Zamora que, nada más ponerse las alas, se fue a hacer footing. Dice que, casi inconscientemente, se desvió hacia un bosque, porque tenía ganas de sentirse parte de la Naturaleza», explica con una sencillez apabullante.

Semejantes sensaciones escapan a una lógica aparente, pero Malvi tiene su propia explicación. «La mayoría tenemos un escepticismo latente y las alas son un instrumento que puede ayudar a superarlo», argumenta, convencida de que vestir esa prenda «es un acto de psicomagia». «Te consideras bueno y empiezas a funcionar como si fueras bueno», concluye.

Con su marcha a Madrid, Malvi cerrará definitivamente su taller de la calle El Bierzo, adonde llegó tras un par de años en otro más pequeño situado en Severo Ochoa, también en el barrio de Pumarín. «Cambié porque necesitaba más espacio, debido a la gran demanda que recibía», comenta ahora, tras recordar sus inicios como impulsora, directora y actriz de varios grupos teatrales. «Siempre quise ser artista. Pero las alas me cambiaron para siempre, como a muchas otras personas», razona. Por eso, en su futura casa de Torrelodones, donde convivirá con su hija y su actual pareja, ya le ha hecho un hueco a su abnegada ocupación. «Seguiré con esta labor en un pequeño ático porque es lo que me hace feliz», concluye, segura de que el ser humano también puede volar, aunque sea con los pies en el suelo.


Gracias a todo@s por hacerlo posible. Carmenmalvi.

No hay comentarios:

Publicar un comentario