jueves, 14 de octubre de 2010

SENTADA EN UNA NUBE



-Nena, ¿qué haces ahí, sola, mirando las musarañas?
-No hago nada, mamá. Estoy soñando.
-Anda, baja de la nube. No sé que pasará contigo cuando seas mayor, si no maduras un poco.
Pronto aprendí que ser mayor no era lo más conveniente para seguir con los sueños, así que puse todo el empeño en permanecer niña a pesar del tiempo. Una niña, eso sí, obediente y temerosa de la realidad a la que pertenecía y que, sin embargo, le era ajena.
Fui una niña uniformada de colegio de monjas,  donde ser igual a las demás era lo mejor y donde te enseñaban a contener en los momentos precisos. Contener la risa, contener la lengua, contener las carreras en el recreo, contener el cuerpo. Te acostumbras al uniforme gris y azul marino, y ya no te lo quitas casi nunca, porque con él te cubres y los demás aceptan lo que ven de ti y no te molestan para saber qué hay en ti.
Cada vez más tiempo sentada en mi nube, observando mi otra vida, donde río poco, hablo poco, me esconde detrás del flequillo, y siento mucho. Pero ya no quiero actuar como alguien espera, sólo deseo saltar de la nube para volar alta y segura.

Unadesatada.

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