miércoles, 2 de junio de 2010

OSTRAS ALADAS EN LAS ANTÍPODAS DEL ABURRIMIENTO


El espectáculo mundial más grandioso palidece ante el leve movimiento alado de una "Caneudofibia evanescente de los páramos" en el momento de su apertura matinal en busca de sol. Ni siquiera las chinchillas más coloridas y poligonales en su baile prenupcial pueden hacer sombra a tan maravillosa manifestación natural.

a. Hola, soy quien compartió asiento contigo cuando todavía viajabas en autobús, quizá no te fijaras entonces pero te puse una pequeña pegatina con el número 17 pegada en la espalda mientras dormitabas encima de una revista de ropa de trabajo abierta por la página dos...
Ah, me pregunto cuántas veces te habrás preguntado por esa presencia silenciosa un poco por detrás de tu hombro derecho, como una suave brisa llegada de lugares cálidos, o como una liviana sensación apenas imperceptible aunque evidente. ¿Todavía no me recuerdas?

b. Si soy quien dices que soy, aquél día te pedí que me bañaras pero no encontré otra cosa que un lánguido desplante como respuesta.

a. Pero no era un desplante sino una invitación a imaginar una buena bañera de cerámica blanca en mitad del desierto, con todo lo necesario para disfrutar de un alivio prolongado a los rigores meridionales.

b. Quizá lo que sucedió es que al no ser capaz de imaginar lo que me pediste tan silenciosamente, te trasladé con igual discreción esa incapacidad temporal a fin de dar por concluido el incidente. Probablemente tuviese algo de prisa por llegar a mi destino sin incidentes, o me hiciese daño algún zapato.

a. Ahora te digo: ¿quieres que te bañe ya?

b. Sí.

www.franrubio.blogspot.com

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